Querétaro se está contando a sí mismo

Por Alejandro Lujan

Hay ciudades que aparecen en las películas como escenarios. Querétaro, poco a poco, comienza a aparecer también como protagonista. Cada año, las salas y espacios culturales de la ciudad reciben historias provenientes de distintos lugares del mundo. Pero entre ellas también aparecen relatos que nacen aquí: historias sobre personas que viven en Querétaro, lugares que reconocemos y situaciones que probablemente hemos pasado por alto. El cine documental tiene algo particular: no necesita inventar un mundo para contar una historia. Le basta con mirar el que ya existe.

Eso es parte de lo que ocurre con Doqumenta, festival que durante años ha acercado el cine de no ficción al público queretano. En su programación también han aparecido trabajos realizados por cineastas vinculados con Querétaro, con historias que van desde experiencias personales hasta retratos de la ciudad y quienes la habitan. Y quizá ahí exista una historia mucho más interesante que hablar solamente del festival.
¿Quién está documentando Querétaro mientras nosotros vivimos aquí?
Porque una ciudad no solamente se construye con edificios, calles o monumentos. También se construye con las personas que deciden registrar lo que ocurre dentro de ella. Una cámara puede seguir a un músico que toca en un bar pequeño. Puede entrar a una colonia que pocas veces aparece en las postales. Puede acompañar a una familia durante una celebración o registrar la vida de alguien cuyo trabajo desaparecerá cuando deje de hacerlo.
El documental convierte esas situaciones aparentemente pequeñas en memoria. Y eso resulta especialmente interesante en una ciudad que cambia tan rápido. Querétaro ha crecido, se ha llenado de nuevos habitantes y ha transformado sus espacios. Mientras algunos intentan conservar la idea de la ciudad que conocieron, otros están construyendo una identidad completamente diferente. Los cineastas locales se encuentran justo en medio de esa transformación.
Sus cámaras pueden convertirse en una especie de archivo informal de lo que está sucediendo: quiénes somos ahora, qué estamos perdiendo, qué estamos creando y qué historias creemos que vale la pena conservar. Quizá dentro de algunos años, cuando alguien quiera entender cómo era Querétaro en esta época, no solamente recurrirá a fotografías de sus calles o a documentos oficiales. También podrá mirar las películas de quienes decidieron apuntar una cámara hacia su propia ciudad. Porque mientras Querétaro cambia, alguien tiene que estar grabando.

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