La Leyenda de Doña Lucha y sus gatos

Por: Ximena Nápoles

La leyenda de Doña Lucha y sus gatos es una de las menos conocidas, pero más inexplicables del estado de Querétaro. Llena de duda y temor, nos hace ver lo sobrenatural en lo ordinario y nos recuerda una vieja advertencia: cría cuervos y te sacarán los ojos.

Todo comienza en un Querétaro colonial, donde en una gran casona —que actualmente funciona como la oficina de la Secretaría de Turismo Estatal— vivía la familia Landaverde. El hogar estaba conformado por un matrimonio y sus cuatro hijas: María, Josefina, Gertrudis y Lucha. Tras un accidente fatal, Lucha quedó paralítica, por lo que tuvo que usar silla de ruedas el resto de su vida. Fue así como sus hermanas crecieron para convertirse en esposas y sus padres fallecieron uno a uno, mientras ella permanecía en la casona a pesar de ser la mayor de todas las hermanas.

No obstante, Lucha era conocida por su carácter fuerte y por ser “entrona”; tanto así que, según relatan los vecinos, salía comúnmente al pueblo y nunca se perdía la misa de los domingos en el Templo de San Francisco. Pero a pesar de su renovada independencia, aún sentía un vacío enorme en su casa, por lo que decidió adoptar un gato. Pronto, ese único felino se convirtió en una manada de alrededor de 20 gatos, a quienes cuidaba y trataba como si fueran sus propios hijos.

Todo cambió una turbulenta noche cuando cayó una tormenta tan ruidosa sobre la ciudad que ni los gritos de Lucha se escuchaban; solo se oían unos maullidos desgarradores que cortaban el viento. Pasaron las semanas y nadie sabía nada de ella, por lo que los vecinos, extrañados, decidieron inspeccionar la casa. Es aquí donde el mito surge, pues nadie sabe con certeza qué sucedió realmente con la mujer. Unos dicen que, al entrar, encontraron su cuerpo deshecho y cubierto de arañazos; otros aseguran que su cuerpo jamás fue encontrado, pero sí su silla de ruedas, tirada justo debajo de la escalera.

Sin embargo, todos concuerdan en lo siguiente: la noche de la tormenta, Doña Lucha se cayó fuertemente de las escaleras. Al ser tan resonantes los truenos, nadie pudo escuchar sus gritos de auxilio y murió poco después a causa de sus heridas. Tras el accidente, sus gatos, tristes pero hambrientos, devoraron a su dueña de una manera tan sobrenatural que ni rastro quedó de ella.

Algunos aseguran que aquellos animales no eran gatos normales, mientras otros solo lamentaban la tragedia. Hoy en día, afirman que en las noches de tormenta aún se pueden escuchar los maullidos en la casona, de felinos nada comunes. Dicen que al caer el primer trueno, si miras fijamente, se puede a Doña Lucha detrás de la ventana, esperando a que entres a encontrarla. ¿Te atreverías a buscarla?

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