Superbad y Booksmart: los dúos en caos

En 2007, Greg Mottola trajo a la mesa de la comedia juvenil Superbad, una película protagonizada por Jonah Hill y Michael Cera quienes interpretan a dos jóvenes —tachados como marginados— en su última noche en la preparatoria, marcada por un plan para ir a una fiesta y las desastrosas consecuencias al plan de dos inexpertos chicos con pocas conexiones sociales.

La cinta es para muchos un clásico en el género de comedia, siendo un referente de la experiencia adolescente masculina y el proceso de crecer acompañado en un mundo que puede llegar a ser hostil.

Superbad es una película claramente escrita por hombres, y eso no es necesariamente malo, pero en 2019, una película ahora escrita, dirigida y protagonizada por mujeres llegó a la mesa de la comedia.

¿El Superbad versión mujer?

Decir que Booksmart es la versión femenina de Superbad, sería quitarle mérito y encasillar al debut de la actriz, y por primera vez directora, Olivia Wilde. Si bien se guía bajo una premisa similar a la película de 2007: dos amigas intentando tirar la casa por la ventana en su última noche siendo preparatorianas, hay que darle su reconocimiento al trabajo realizado en Booksmart.

Protagonizada por Beanie Feldstein y Kaitlyn Dever, quienes interpretan a las dos mejores amigas que son rechazadas socialmente esta vez por ser las alumnas ejemplares: inteligentes, responsables, enfocadas. El problema es que su identidad se construyó alrededor de eso. Cuando descubren que sus compañeros “menos aplicados” también lograron entrar a buenas universidades, algo se rompe. No porque quieran ser populares, sino porque sienten que se perdieron de algo. De muchas cosas.

El motor real de Booksmart no es la noche caótica que intentan vivir, sino el miedo a separarse. La película entiende que la amistad femenina, especialmente en ese momento de transición, es intensa, absorbente y a veces incómoda. No es perfecta ni siempre sana, pero es profundamente honesta. Amy (Kaitlyn Dever) y Molly (Beanie Feldstein) se quieren, pero también se estorban. Se apoyan, pero también se controlan. Y justo ahí está lo interesante.

En ese sentido, la película dialoga con comedias adolescentes como Superbad, pero desde otro lugar. Si en esa historia el caos venía de la torpeza masculina y la ansiedad social, aquí el caos nace del control: del miedo a equivocarse, a perder el rumbo, a perderse la una a la otra. Booksmart propone que el desmadre también puede ser una forma de liberación, no solo de rebeldía.

Un debut que funciona para ser referente

La dirección de Olivia Wilde es clave para que todo esto funcione. No porque la película se sienta “dirigida por una mujer” como etiqueta, sino porque entiende los silencios, las miradas y los pequeños gestos que sostienen la relación entre Amy y Molly, que puede ser diferente a la relación de Superbad. El humor convive con momentos de vulnerabilidad sin que ninguno se sienta fuera de lugar.

Al final, Booksmart y Suprbad no celebran la fiesta, sino lo que queda después. La certeza de que crecer implica separarse un poco, cambiar de planes y aceptar que la versión que tenías de ti mismo ya no alcanza. Pero también que haber vivido todo eso juntos —aunque haya sido tarde, aunque haya sido mal— importa. Cada película funciona a su manera, con sus personajes, en su época, pero aún así siendo grandes cintas.

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