Las sillas de Bad Bunny (y de toda latinoamérica)

Ya hace un año que el músico de reggaeton Bad Bunny lanzó su octavo álbum de estudio DeBÍ TiRAR MáS FOToS, el 5 de enero de 2025, y a pesar de que ya cumplió su primer aniversario, siendo ganador en la edición número 67 de los Grammys hace dos semanas, y en su medio tiempo en el Super Bowl 60, hace una semana, Bad Bunny sigue siendo un tema de conversación con su disco de 17 canciones.

Encasillar esas 17 canciones en letras para una noche de fiesta y perreo, sería quedarse en la superficie de la imagen que muchos tienen del cantante: parrandero y que ‘no se le entiende nada’. DeBÍ TiRAR MáS FOToS incluye canciones que si bien retrata, la historia de su natal Puerto Rico, países que pasaron por un proceso invasivo de colonización similar, como el resto de Latinoamérica, e incluso países de Sudamérica y la propia Palestina, encontraron en el álbum un decreto de identidad.

Tan solo con sus ritmos caribeños que nos remontan a esas fiestas de XV años o a bodas, Benito Martínez Ocasio compila letras que describen y en parte critican la historia que al final de cuentas nos ha llevado ser los países que somos, con nuestra cutura, tradiciones, lengua y modismos. En canciones como “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”, Bad Bunny habla sobre el saqueo de un territorio convertido en paraíso turístico donde los locales fueron desplazados por inversionistas extranjeros, el aumento del costo de vida y la privatización de espacios. En el short film creado también para continuar con la narrativa del álbum, menciona la frase “Aquí seguimos”, incluso en el clima político en Estados Unidos y en general, en todo el mundo.

Además del toque político, Bad Bunny apostó por el factor nostalgia. Puedes opinar que canta mal, pero negar su impacto no solo en la gen Z, sino también en las generaciones que crecieron con la salsa de Frankie Ruíz, la guerra fría y las crisis económicas latinoamericanas: la generación analóga, es imposible. Además de hacer un guiño a la música que ellos escuchaban, la estética del álbum atinó a todos los públicos. O al menos, a quienes crecieron con las sillas de plástico en su jardín, con las reuniones familiares y el dominó de sus abuelitos. Con canciones como “BAILE INoLVIDABLE” y “DtMF”, Benito muestra una faceta melancólica, extrañando todo eso que se va inevitablemente, o que se tiene que dejar, y la necesidad de querer tenerlo materializado en un pedacito de papel fotográfico.

Así, en el Super Bowl continuó con esa identidad para su álbum que tomó prestada con cariño y respeto de todo un continente en constante e inestable crecimiento. Desde el niño durmiendo en sillas cuando la fiesta se alarga, los puestos callejeros de comida, los de compra y venta de oro, todos con rótulos a mano, los postes de luz, hasta el propio cultivo de caña de azúcar, Bad Bunny (y su equipo) planearon cada detalle para que fuera una carta de amor y reconocimiento a la gente que creció en cada país de Latinoamérica, conectando a generaciones que comparten el deseo de tomar fotos, no para presumir, sino para recordar quiénes somos, y que mientras uno está vivo, uno debe amar lo más que pueda.

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