El árbol más viejo de Querétaro no crece en un jardín, sino en un convento
- DestacadoA, Uncategorized
- agosto 11, 2026
Por Alejandro Lujan
Sus espinas forman pequeñas cruces perfectas y su origen se cuenta de más de una manera. Esto es lo que se sabe sobre el árbol más longevo del centro histórico. Si entras al Convento de la Santa Cruz y caminas hacia uno de sus patios, es fácil pasar de largo frente a un arbusto de tronco retorcido y corteza áspera. No hay nada monumental en su tamaño. Pero ese árbol lleva más de dos siglos ahí, y durante mucho tiempo fue considerado un milagro.
Le dicen «el árbol de las cruces». El nombre viene de sus espinas, que crecen formando pequeñas cruces. Por generaciones, los visitantes le cortaban ramas para llevarse una como recuerdo, al grado de que estuvo a punto de secarse por tanto corte. Sobre su origen existen, al menos, dos versiones que se cuentan desde hace generaciones.
La más popular dice que perteneció a Fray Antonio Margil de Jesús, el misionero franciscano que fundó el Colegio de Propaganda Fide en ese mismo convento. Cuenta la leyenda que, antes de emprender uno de sus largos viajes a Guatemala, clavó su báculo de madera en el patio. Cuando volvió por él, ya había retoñado. Ahí lo dejó crecer.

La segunda versión es más oscura. Habla de Fray Pablo de Rebodilla, otro misionero salido del mismo convento hacia Centroamérica, que murió a manos de indígenas que resistían la evangelización. Años después, otros frailes fueron a buscar sus restos y encontraron, en el sitio donde había caído, un arbusto de espinas con forma de cruz. Lo interpretaron como una señal y, según la tradición oral, trasladaron el árbol hasta Querétaro a mediados del siglo XVIII.
Ninguna de las dos historias tiene manera de comprobarse del todo. Lo que sí quedó documentado, en la Gaceta de México de principios del siglo pasado, es un origen bastante menos sobrenatural: el árbol habría sido traído de las cercanías de Saltillo por el padre Salvador Angulo, en 1782. Un primer ejemplar no logró adaptarse, así que se plantó un segundo, y ese es el que sigue en pie hoy, con más de 240 años de edad. Así que probablemente no fue un bastón mágico ni una señal enviada desde Guatemala. Pero eso no le ha restado encanto a la leyenda, que sigue repitiéndose entre generaciones de queretanos.
Vale la pena poner este árbol en contexto. No es, ni de lejos, el más antiguo del estado: ese título lo tiene el sabino de Concá, en la Sierra Gorda, con más de dos mil años de vida. Tampoco es el único árbol con historia en la ciudad. La Alameda Hidalgo, por ejemplo, empezó a poblarse de fresnos, sauces y zapotes en la última década del siglo XVIII, por iniciativa del corregidor Ignacio Ruiz Calado. Hoy conserva más de mil árboles, entre jacarandas, pinos y ficus, y ha visto pasar bajo su sombra a personajes como Maximiliano de Habsburgo y a los diputados constituyentes de 1917.
Pero el árbol de las cruces tiene algo que ningún otro tiene en Querétaro: gracias al trabajo de especialistas en agroforestería, ha logrado reproducirse. Hoy existen ejemplares trasplantados en distintos puntos de la ciudad y hasta en la Sierra Gorda, todos herederos de aquel arbusto traído de Saltillo hace más de dos siglos. La próxima vez que visites el Convento de la Santa Cruz, búscalo. No hace falta cortarle una rama para llevarte algo de él. Basta con conocer su historia.


