El verdadero origen del Día de Muertos
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- octubre 15, 2026
De las cosas que más se disfrutan en México es la temporada de Día de Muertos. El olor a flor de cempasúchil invade los mercados, las calles se tiñen de naranja y la búsqueda por el mejor pan de muerto se vuelve toda una aventura. Para los mexicanos, esta época no es una conmemoración triste ni solemne; es una fiesta de reencuentro, un puente entre los vivos y los muertos.
Una tradición así de especial tiene un origen igualmente rico y profundo. Hoy te contaremos cómo se formó la actual festividad que la UNESCO ha reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; porque mucho antes del papel picado y los altares, existía un mundo prehispánico.

La muerte en el mundo prehispánico
Para los pueblos mesoamericanos la muerte no se vivía con miedo o como tragedia, sino que era vista como una parte indispensable del ciclo de la existencia, una transición hacia otro plano. De hecho, los ritos de despedida a nuestros seres queridos duraban varios días y buscaban ayudar al difunto a separarse de la comunidad de los vivos para emprender su nuevo camino hacia el territorio de los dioses.
Dato curioso: Era común lavar y vestir a los difuntos con elegantes prendas, dando pie al dicho popular de que a veces alguien se vestía mejor en la muerte que en la propia vida.
Para ellos, el destino de una persona tras morir no dependía de cómo se hubiera portado en vida, sino de la forma en que había fallecido. Se valoraba la valentía al abrazar la muerte.

La cosmovisión azteca dividía el más allá en cuatro reinos:
- Tonatiuhichan (La casa del sol): Reservado para los guerreros caídos en batalla, los capturados para el sacrificio y las mujeres que fallecían durante el parto. Se describe como una inmensa llanura soleada donde, tras cuatro años de permanencia, las almas se transformaban en aves y mariposas para volver al mundo terrenal.
- Tlalocan (El lugar del licor de la tierra): Gobernado por Tláloc, dios de la lluvia. Aquí llegaban los que morían por causas relacionadas con el agua como ahogamiento, caída de un rayo o enfermedades vinculadas a los líquidos. Era un paraíso verde donde siempre reinaba el verano y abundaba la comida.
- Cincalco y Chichihualcuauhco (El templo del maíz y el árbol nodriza): Espacios sagrados dedicados a los más pequeños. Al Cincalco iban los niños que fallecían en edades tempranas para jugar bajo la mirada del dios Tonacatecuhtli. Por su parte, al Chichihualcuauhco llegaban los bebés que no lograban nacer, alimentándose de las ramas de un árbol de leche mientras esperaban el día en que la humanidad se extinguiera para volver a poblar la Tierra.
- Mictlán (El reino de los muertos): El destino final para todos aquellos que morían por causas naturales u otra razón no mencionada. Gobernado por Mictlantecuhtli y su esposa Mictecacihuatl, este lugar requería que el difunto superara una dura travesía de cuatro años a través de nueve pruebas llenas de obstáculos para alcanzar el descanso eterno.
¿Cómo se fusionó con el calendario cristiano?

Durante los cuatro años posteriores al fallecimiento de una persona, las familias realizaban ceremonias anuales para ayudarle a superar las 9 pruebas del Mictlán. La diosa Mictecacihuatl jugaba un rol fundamental, pues era quien otorgaba el permiso a las almas para regresar temporalmente a visitar a sus seres queridos.
Con la llegada de los españoles y el proceso de evangelización, los frailes notaron que estos rituales eran parecidos a las festividades eclesiásticas del 1 de noviembre (Día de Todos los Santos) dedicado a celebrar a los mártires y santos desconocidos para que intercedieran por los vivos; y el 2 de noviembre (Día de los Fieles Difuntos) donde oraban por las almas de quienes se encontraban en el purgatorio limpiando sus pecados antes de alcanzar el cielo. Por lo que decidieron fusionarlas en las fechas establecidas, dando como resultado el Día de Muertos tal como lo conocemos.

Hoy en día, las costumbres del Día de Muertos siguen más vivas que nunca en nuestros hogares y cementerios. Desde la colocación de las tradicionales ofrendas adornadas con fotografías, veladoras, incienso, calaveritas de azúcar, tamales y la comida preferida de quienes ya se fueron, hasta las comparsas, desfiles de catrinas, obras teatrales y muestras de arte contemporáneo que llenan los espacios culturales de nuestra ciudad.
Así que si puedes, forma parte de esta bella tradición. Reencuéntrate con tus seres queridos que ya no están, encuentra tu manera de llevar la muerte y busca la alegría en el dejar ir. Al final del día, el Día de Muertos es un recordatorio sincero de que nadie se va del todo porque su recuerdo trasciende en los demás.
Por: Ximena Nápoles
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