¿El matcha llegó para reemplazar al café mexicano?

Hace unos años, entrar a una cafetería y pedir un matcha todavía se sentía como algo medio exótico. Hoy es prácticamente imposible abrir Instagram sin encontrarte un vaso verde pastel acompañado de una libreta, una tote bag y alguna frase sobre productividad o autocuidado.

El matcha pasó de ser una bebida relativamente de nicho a convertirse en uno de los protagonistas de la cultura de cafetería contemporánea. Y como suele ocurrir cuando algo se vuelve popular, empezaron a aparecer las preguntas: ¿está reemplazando al café? ¿Es una moda pasajera? ¿Qué pasó con nuestras bebidas tradicionales?

La respuesta corta es que no, el matcha no vino a destronar al café. Pero sí llegó para ocupar un espacio cultural muy interesante.

Primero: el café sigue siendo el rey

Aunque las redes sociales puedan hacernos pensar que todo el mundo cambió el espresso por el matcha, la realidad es mucho menos dramática. México sigue teniendo una relación profundamente arraigada con el café. No solo porque somos productores importantes, sino porque el café está integrado en la rutina diaria de millones de personas.

Está el café de olla de la abuela, el café soluble de oficina, el café del desayuno, el cafecito después de comer. El «vamos por un café» que en realidad significa «vamos a platicar». El café no es solamente una bebida; es un hábito social. Por eso resulta difícil imaginar que una tendencia, por popular que sea, pueda desplazar algo tan integrado en la vida cotidiana.

Entonces, ¿por qué todo el mundo está tomando matcha?

Porque el matcha no está vendiendo únicamente una bebida, está vendiendo una experiencia. Mientras el café suele asociarse con productividad, trabajo, prisas y mañanas aceleradas, el matcha ha construido una imagen completamente distinta. Se relaciona con bienestar, calma, autocuidado y estilos de vida más conscientes.

Aunque ambas bebidas contienen cafeína, culturalmente comunican cosas diferentes. Pedir un latte de matcha dice algo distinto que pedir un americano. Mientras discutimos si el matcha reemplazó al café, rara vez nos preguntamos qué lugar ocupan bebidas tradicionales mexicanas como: el atole, el champurrado, el tejate, el pozol, el tascalate o incluso el agua fresca tradicional

Muchas de estas bebidas llevan siglos formando parte de la cultura mexicana y, sin embargo, rara vez aparecen en las cafeterías de moda o en las tendencias virales. No porque sean menos interesantes, sino porque muchas veces asociamos lo extranjero con modernidad y lo local con costumbre. Y ahí existe una paradoja curiosa: mientras buscamos nuevas experiencias gastronómicas, a veces ignoramos algunas que han estado aquí todo el tiempo.

El matcha no reemplazó al café; amplió el menú

Quizá el error está en pensar que toda tendencia funciona como reemplazo. La mayoría de las veces no es así. La popularidad del matcha parece haber creado una nueva categoría de consumo más que desplazar una existente. Mucha gente que toma matcha también sigue tomando café. De hecho, es bastante común encontrar personas que alternan entre ambos dependiendo de la hora, el ánimo o simplemente el antojo. No es una batalla entre bebidas, e una ampliación de opciones.

Y luego está el brunch

Porque curiosamente, la llegada del matcha también coincide con otro fenómeno importado que se volvió parte del paisaje urbano: el brunch. Hoy parece que cualquier cafetería nueva necesita ofrecer: huevos benedictinos, pan artesanal, mimosas, tostadas de aguacate y, por supuesto, matcha.

Pero si lo pensamos un momento, México siempre ha tenido algo muy parecido. Solo que aquí le decimos «almorzar». Antes de que el término brunch llegara a los menús, ya existían las enchiladas, los chilaquiles, los molletes, los tamales y todas esas comidas que históricamente ocupaban el espacio entre el desayuno temprano y la comida principal.

La diferencia es que el brunch llegó acompañado de una estética específica: mesas bonitas, café de especialidad, platos cuidadosamente presentados y una experiencia pensada para quedarse un rato. En otras palabras, el brunch no inventó una nueva comida. Más bien reinventó algo que ya existía.

La verdadera razón detrás del éxito del matcha

Quizá el éxito del matcha tiene menos que ver con el sabor y más con el contexto. Llegó en un momento donde las cafeterías dejaron de ser únicamente lugares para tomar café y se convirtieron en espacios de convivencia, trabajo, estudio y construcción de identidad.

Por eso el matcha encajó tan bien, no porque sustituyera algo, sino porque encontró un lugar dentro de una cultura de consumo que estaba buscando constantemente novedades. Es posible que dentro de unos años el matcha deje de estar en el centro de todas las tendencias gastronómicas. Eso pasa con prácticamente cualquier producto que alcanza niveles masivos de popularidad.

Pero también es cierto que ya dejó huella, recordando que no desplazó al café mexicano, ni eliminó las bebidas tradicionales. Y definitivamente no inventó el almuerzo tardío. Lo que hizo fue abrir una conversación sobre cómo consumimos, qué consideramos moderno y por qué algunas tradiciones logran reinventarse mientras otras permanecen invisibles.

Mientras tanto, el escenario más probable es que el café siga acompañando las mañanas de millones de mexicanos, el matcha continúe apareciendo en cafeterías trendy y el verdadero ganador siga siendo el chilaquil, que logró sobrevivir tanto al brunch como a cualquier tendencia que se le ponga enfrente.

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