Los Brazos de Chole

“Los brazos de Chole”

Historias del Querétaro del Siglo XIX

Las historias y leyendas de nuestro Querétaro lindo y querido, las hay muy macabras pero también las encontramos muy simpáticas; así como esta que les narraré a continuación.

Cuenta Don José Guadalupe Ramírez Alvarez, en su anecdotario de Querétaro, que el entonces Prefecto Municipal Don Alberto Llaca a finales del Siglo XIX, celoso de la moral y las buenas costumbres de su pueblo y ante las reiteradas quejas de las beatas que se topaban con el bochornoso espectáculo de los borrachines, quienes después de ingerir infinidad de litros de pulque quedaban tirados por las calles y banquetas de los Barrios, ideó un sillón con ruedas hecho de madera, con asiento de correas de baqueta tejidas de petatillo, con cómodos brazos y correas para amarrar a los pasajeros y transportarlos a la comisaría. Era jalado y empujado por dos reos y atrás iba un gendarme, macana en mano, para imponer el orden.

Un día, por el Barrio de Santa Ana, quedó tirado en su borrachera un carpintero que había trabajado en la casa del Señor Prefecto y que conocía muy bien a toda la familia, especialmente a su bella hija llamada Soledad a quién todos cariñosamente le llamaban Chole. Despertó el borrachito al sentir el suave vaivén del vehículo en el que era transportado por el empedrado y feliz empezó a cantar con alegre tonada a todo pulmón “Me siento en los brazos de Chole, me siento en los brazos de Chole…”.

Los transeúntes reían divertidos de la desfachatez del borrachín, pues de sobra conocían a la virtuosa hija del prefecto, el gendarme resolvió la situación propinándole un macanazo que lo regresó a dormir la “mona pulquera”, desde aquel día el pobre prefecto tuvo que aguantar que el populacho llamara a su novedoso invento “Los brazos de Chole”. La burla no paró ahí, pues no se sabe si por la desfachatez de los reos o la burla de los transportadores se decía “Una vuelta al Jardín y luego al Palacio”, entonces se les daba una vuelta a la fuente del Marques y de ahí directo a la prisión que era entonces la hoy “Casa de la Corregidora”.

Te compartimos la historia, narrada por el Maestro y Queretano Ilustre Don Luis Olvera Montaño.

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