Mariachi: más que música tradicional
En México muchos estados del país tienen una plaza dedicada y hecha para los mariachis. Más allá de ser un lugar que sirva como homenaje a estos grupos musicales, sirve como un lugar de encuentro para ellos, es como su oficina.
Querétaro no es la exepción, su Plaza del Mariachi está ubicada en Avenida Universidad y 5 de febrero, y además de ser punto de reunión para los grupos mariacheros, también es un lugar donde la música se vive a través del baile, pues también se dan clases de salsa y cumbia.

El origen del mariachi
Aunque hoy lo asociamos inmediatamente con México, el mariachi no siempre sonó como lo conocemos. Sus orígenes se remontan al occidente del país, principalmente en Jalisco, Colima, Nayarit y Michoacán, donde desde el siglo XIX existían agrupaciones de músicos que interpretaban sones y música tradicional con instrumentos de cuerda.
Curiosamente, las trompetas llegaron mucho después. Durante décadas, el mariachi estaba compuesto únicamente por violines, guitarras, vihuelas y guitarrones. Fue durante el siglo XX, especialmente con el auge del cine mexicano y la radio, cuando el mariachi adoptó el sonido que hoy reconocemos al instante.

Un género que aprendió a cantar de todo
Si algo tiene el mariachi es que no conoce límites. Puede interpretar un clásico de José Alfredo Jiménez, una ranchera de Vicente Fernández, una balada romántica, un bolero o hasta canciones pop adaptadas al estilo mariachi.
Sí, seguramente alguna vez has escuchado una versión mariachi de una canción que jamás imaginaste escuchar con trompetas. Y sorprendentemente, muchas funcionan bastante bien. Esa capacidad de adaptarse es una de las razones por las que el mariachi sigue vigente. No se quedó atrapado en una época, ha sabido evolucionar junto con el público.
El traje de charro no es solo un uniforme bonito
Si el sonido del mariachi es inconfundible, su vestimenta también. El tradicional traje de charro, con bordados, botonaduras metálicas, moño y sombrero de ala ancha, está inspirado en la indumentaria que utilizaban los jinetes mexicanos durante el siglo XIX.
Con el paso del tiempo, ese traje dejó de ser únicamente ropa de trabajo y se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de la identidad mexicana. Hoy es prácticamente imposible pensar en un mariachi sin imaginar inmediatamente ese atuendo negro, o blanco, azul o incluso vino perfectamente combinado con botas y sombrero.

¿Dónde aprende un mariachi?
Contrario a lo que muchos imaginan, no todos los mariachis aprenden únicamente dentro de la familia. Actualmente existen escuelas de música, talleres especializados y hasta programas universitarios donde se estudia este género de manera formal.
Muchos comienzan desde niños aprendiendo violín, trompeta o vihuela, mientras que otros llegan al mariachi después de estudiar música clásica o popular. Claro, también sigue existiendo la tradición de aprender viendo y tocando junto a músicos con más experiencia. Porque como ocurre en muchos oficios, hay cosas que ningún libro puede enseñar.
Mariachi Femenil Cuscatlán: talento queretano que rompe estereotipos
Durante muchos años, el mariachi fue visto como un espacio predominantemente masculino. Sin embargo, eso ha cambiado gracias a agrupaciones integradas por mujeres que han demostrado que el talento no depende del género.
En Querétaro, uno de esos ejemplos es el Mariachi Femenil Cuscatlán, un proyecto conformado por músicas que interpretan el repertorio tradicional del mariachi con la misma fuerza, técnica y pasión que cualquier agrupación del país.
Además de presentarse en serenatas, eventos privados y festivales, su trabajo también ayuda a visibilizar la presencia de las mujeres dentro de un género que durante mucho tiempo les cerró las puertas. Y de paso, demuestra que el mariachi sigue transformándose sin perder su esencia.
Puedes escuchar su sesión en vivo en El Patio de mi Abuela aquí:
El mariachi sigue teniendo un lugar en la vida cotidiana
Hay quienes piensan que el mariachi solo aparece el 15 de septiembre. Pero basta con asistir a una boda, un cumpleaños, un aniversario, un Día de las Madres o una serenata para darse cuenta de que sigue siendo parte importante de la vida cotidiana en México.
Es uno de esos géneros que logra acompañar prácticamente cualquier emoción pues sirve para celebrar, para enamorar, para pedir perdón y para llorar. Y, si la noche se alarga, probablemente para hacer todo eso al mismo tiempo.


